Posteado por: Rafael Galdámez | abril 18, 2008

De la pobreza cultural a la riqueza empresarial

Hemeroteca Virtual. “El financiero”

Carmen García Bermejo
Miércoles, 12 de marzo de 2008

En México existe un boom por la construcción de centros culturales con recursos públicos que resulta un jugoso negocio para las empresas. El ejemplo: la megabiblioteca José Vasconcelos en la ciudad de México, con un costo cercano a los dos mil millones de pesos… y aún está cerrada. Pero esta historia se repite en otros lugares. Aquí, tres casos emblemáticos.

Centro de las Artes de Zamora

En Michoacán se construyó el Centro Regional de las Artes de Zamora, una suntuosa caja de cristal y acero de mil cien toneladas a la que los gobiernos federal y estatal le destinaron 270 millones de pesos (EL FINANCIERO, 22/11/2006). Éste es un edificio “volado” en tres niveles: de la planta superior sale una escuadra de 45 grados que invade más de la mitad de la transitada Avenida 5 de Mayo. El aparatoso edificio, además, está encajado entre el Santuario de Guadalupe (Catedral inconclusa) -una joya arquitectónica de estilo neogótico que data de 1898- y el Teatro Obrero -inmueble de estilo grecorromano de principios del siglo XX.

Desde el aviso de su construcción, en 2005, los habitantes de Zamora expresaron su inconformidad porque el nuevo edificio rompe abruptamente con la traza arquitectónica de su Centro Histórico, que las leyes federales supuestamente protegen. Nada lograron mover. A finales de noviembre de 2006, Vicente Fox y Marta Sahagún inauguraron el Centro Regional de las Artes de Zamora (CRAZ)… pero sólo era el cascarón: los acabados, las conexiones eléctricas, la impermeabilización, el equipamiento, la maquinaria teatral, el acondicionamiento de las salas de lectura, la biblioteca y todo lo demás quedó pendiente, incluyendo el convenio que el Centro Nacional de la Artes del Conaculta, la Secretaría de Cultura de Michoacán y el gobierno municipal firmarían para su operación y funcionamiento.

En 2007, el CRAZ continuó cerrado. La situación estalló cuando la población percibió que del nuevo edificio emanaban grandes cantidades de agua potable que iban a parar a las alcantarillas de aguas negras situadas en las calles. Ingenieros Civiles Asociados (ICA) -la empresa de ingeniería, procuración y construcción más grande de México a cargo de Bernardo Quintana- edificó este inmueble junto a un manto freático.

Toda información al respecto se ocultó hasta que diputados locales ingresaron al inmueble. Allí encontraron hundimientos en el edificio, acumulación de agua, deterioro del techo del estacionamiento, filtraciones de agua en muros, pisos cuarteados, goteras en techos… El Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (Capfce) de la SEP -responsable de la ejecución de obra- y la Secretaría de Obras Públicas de Michoacán exigieron a ICA la reparación de daños y la culminación total del edificio, de otra forma no aceptarían la entrega formal del inmueble.

En 2006, el Capfce otorgó un contrato a la misma empresa para la construcción y puesta en operación del CRAZ y la rehabilitación del Teatro Obrero, por la que le pagó 158 millones tres mil 973 pesos. Además, el Capfce contrató a la empresa Técnica RN para la inspección y control de materiales en las obras del CRAZ pagándole un millón 287 mil 182 pesos. Asimismo, la empresa Aqua Innova Consultoría e Ingeniería recibió 845 mil 438 pesos por servicios de topografía. Pese a los millones erogados y las empresas contratadas, el CRAZ no funcionaba. Incluso, entre abril y mayo de 2006, ICA compró y solicitó a la empresa Cimentec la “instalación de un sistema de bombeo mediante bombas sumergibles” con el fin de paliar el problema del agua.

Finalmente, el Capfce informó que el pago total a ICA ascendió a 171 millones de pesos, de los cuales 106 fueron para la construcción del edificio y 65 para la rehabilitación del teatro. Este monto, sumado al requerido para el equipamiento del edificio, ascendió a 270 millones de pesos. Lo que nunca exhibió el Capfce fue el pago que el arquitecto Francisco Serrano recibió por su diseño para el CRAZ.

Durante 2007, ICA y el resto de las empresas trataron de atender desde los “vicios ocultos” hasta problemas operativos en el edificio. Pero el gobierno estatal no podía esperar más: en Zamora se generó un problema social muy serio debido a las fuertes protestas contra “el elefante blanco infuncional”. El gobierno abrió el CRAZ con lo mínimo indispensable: talleres, exposiciones, cursos, conciertos y la librería Educal.

De los 20 salones con los que cuenta este mall de cristal y acero, sólo seis se ocupan para cursos y talleres. Aunado a esto, la galería de arte ubicada en la entrada tendrá que modificarse: como es un edificio de cristal, el sol cae todo el día sobre los óleos y demás obra plástica que allí se expone.

En febrero de 2008, ICA culminaba de impermeabilizar los techos y colocaba una planta de energía, entre otros aspectos, aunque desde julio de 2007 la empresa hizo la entrega parcial del inmueble al Capfce e informó que las filtraciones de agua disminuirán “en la medida en que se asiente el edificio”.

En ese mismo mes, el Capfce entregó al gobierno michoacano el CRAZ. Miguel Ortega Hernández, del Capfce, explicó que, como el estacionamiento de este recinto está confinado por muros de concreto, impedirá que el agua del manto freático se introduzca al inmueble. Pero al preguntar el origen del agua que sale del edificio hacia la calle, detalló que en el exterior del inmueble hay un cárcamo de bombeo: “Ahí -precisó- se acumula el volumen de agua de lluvias captada por los bajantes de este enorme edificio y esa agua, luego, se expulsa a la calle. Ese cárcamo es necesario porque parte del CRAZ está abajo del nivel que tiene el colector de agua ubicado en la Avenida 5 de Mayo, de tal suerte que el agua que se junta en el área del edificio no puede salir por gravedad hacia el colector.”

Ortega Hernández añadió que el colector de agua de la Avenida 5 de Mayo es insuficiente para recibir el agua que se genera en el CRAZ. Por ello, el agua pluvial que se acumula en el cárcamo se tiene que bombear a la calle. Para solucionar el problema se construirá un colector de mayor diámetro en un tramo de 5 de Mayo para conectarlo con el existente. En tanto, el CRAZ funciona parcialmente y el gobierno estatal le destinó, para 2008, un presupuesto de tres millones de pesos, cuando en su inicio se requirieron diez millones anuales para su funcionamiento, operación y mantenimiento.

Para empresarios de altura

Si en Zamora, tierra natal de Marta Sahagún, se edificó un faraónico centro de las artes, en León (ciudad de negocios para la familia de Vicente Fox) se construye el soberbio Fórum Cultural Guanajuato al que las pasadas administraciones estatal y federal le designaron mil 325 millones de pesos. Éste es el segundo proyecto cultural foxista más oneroso, después de la megabiblioteca José Vasconcelos… y la edificación de aquélla aún no concluye.

La primera etapa de este Fórum Cultural la inauguró Fox antes de dejar su mandato a finales de 2006. Sin embargo, el proyecto forma parte de un magno centro de negocios y entretenimiento que abarca un polígono de 67 hectáreas llamado Polifórum León, concluido en diciembre de 2001, pero impulsado por Fox desde 1996 cuando era gobernador de Guanajuato.

El Polifórum León está integrado por un Centro de Exposiciones y Convenciones; área para la Feria Estatal del Calzado; el Centro y Museo de Ciencias Explora; un magno auditorio; el estadio de futbol Nou Camp; un Parque Ecológico de 270 mil metros cuadrados y el Fórum Cultural Guana- juato. En 2001 este complejo comercial, que se desarrolló con inversión pública y privada a través del Fideicomiso Polifórum presidido por el gobernador Carlos Romero Hicks, prácticamente estaba concluido… con excepción de la zona cultural.

Entonces, el grupo de empresarios que impulsó el Polifórum creó la Fundación Cultural Guanajuato, presidida por Ernesto Gómez Hernández (dueño del Periódico AM), e invitó de manera directa a la firma neoyorkina Pei Partnership Architects (PPA) -famosa por la ampliación del Museo del Louvre en París- para realizar “un museo de gran trascendencia para la ciudad”.

En junio de 2003, el despacho de arquitectos PPA presentó su proyecto y propuso no un megamuseo, sino un ambicioso centro cultural que incluiría un museo de arte, una sala de conciertos, un teatro y una biblioteca. Sobre todo porque los empresarios destinaron nueve hectáreas para la zona cultural. En ese mismo año, el empresario Luis Rodríguez Tirado (dueño de la empresa Flexi) asumió la presidencia de la Fundación y entregó al gobierno estatal la propuesta definitiva del Fórum Cultural Guanajuato.

A su vez, Romero Hicks presentó el proyecto al Ejecutivo federal y Fox autorizó la constitución del Fideicomiso Cultural Polifórum, en el que participan los gobiernos federal, estatal y municipal, aunque oculta el monto del capital inicial (9 de julio de 2004). Sólo a través de la Auditoría Superior de la Federación se sabe que, en 2005, el Conaculta -a cargo de Sari Bermúdez- destinó 166.1 millones de pesos para la biblioteca del Fórum Cultural y canalizó 149.4 millones de pesos más al Fideicomiso Cultural Polifórum. Pero cifras oficiales de Guanajuato revelan que, hasta mediados de 2006, el gobierno federal había erogado 489 millones de pesos y el gobierno estatal otros 626 millones.

Tan sólo en 2006, último año del gobierno de Romero Hicks, Guanajuato destinó al Fórum Cultural un total de 283 millones de pesos, de los cuales 132 millones fueron para el equipamiento de la biblioteca y la construcción de la Unidad Académica de las Artes; 121 millones 221 mil 122 pesos para museografía y compra de bienes culturales; 21 millones 467 mil 65 pesos para el equipamiento de todo el Fórum y ocho millones 311 mil 813 pesos para gastos complementarios de obra, dentro de los cuales se incluyen recursos para estudios del proyecto de construcción del teatro. Precisamente para dar inicio a la edificación de dicho teatro, el gobierno federal liberó, en septiembre de 2006, 210 millones de pesos.

El monto total que los gobiernos de Vicente Fox y de Romero Hicks otorgaron durante su sexenio al suntuoso Fórum, ideado por los empresarios leoneses, asciende a mil 325 millones de pesos: 699 millones de la federación y 626 millones del estado. Antes de dejar su mandato, ambos funcionarios inauguraron la primera fase, ya que para el 7 de septiembre de 2006 sólo estaba concluido la Biblioteca Central y la Unidad Académica de las Artes. A la administración siguiente (2007-2012) le corresponde terminar el ostentoso museo y la construcción del aparatoso teatro, cuya capacidad será para mil 500 personas con un costo total de 400 millones de pesos: se construye sobre un área de 21 mil 500 metros cuadrados.

Como en 2006 el gobierno federal liberó 210 millones de pesos a esta obra, en 2007 el gobierno estatal destinó 240 millones de pesos “para el teatro y estacionamiento”.

En 2008, el gobierno estatal ha dispuesto 38 millones de pesos más para el Fórum, de los cuales ocho millones son para concluir la obra civil y equipamiento del teatro, y 30 millones para el museo. Pero, además, dentro de las ampliaciones que la Cámara de Diputados otorgó al presupuesto federal de Cultura 2008, hay una partida de cinco millones de pesos para el Fórum y un monto más de diez millones de pesos para “equipamiento del museo del Fórum”.

Entre 2007 y 2008 este recinto ha recibido 284 millones de pesos que, unidos a los mil 325 millones de pesos erogados por el sexenio anterior, suman un total de mil 568 millones de pesos. A la fecha, sólo funcionan la biblioteca -ligada al Instituto Guanajuatense de Cultura- y la Unidad Académica de las Artes -vinculada a la Universidad de Guanajuato-, donde se imparte la licenciatura en cultura y arte, algunos diplomados y talleres.

Sin embargo, la actividad es reducida: el campus se aprecia desolado. En los dos turnos hay un máximo de 200 alumnos cuya prioridad son los talleres de arte, pero los escolares se pierden entre los siete mil 900 metros cuadrados de este suntuoso edificio. En el Fórum también se observan los trabajos, a marchas forzadas, para la edificación del teatro y del ostentoso Museo de Arte e Historia, este último de 24 mil 400 metros cuadrados de extensión. Las obras aún no finalizan… y los millones tampoco dejan de fluir.

“A quien ofrezca más dinero”

Fox no fue el único mandatario que benefició a los empresarios, también lo fue Mario Marín, el gobernador poblano. Al escándalo que desató con el caso Lydia Cacho, en 2006, se le suma otro de igual envergadura: en un acto totalmente ilegítimo, Marín arrendó a la empresa Asterra -propiedad de Raymundo Alonso Sendino y presidente de Televisión Azteca Oriente- el Complejo Cultural Puebla Siglo XXI, construido en el anterior gobierno de Melquiades Morales con recursos públicos de más de 400 millones de pesos y un diseño arquitectónico de Pedro Ramírez Vázquez.

El 10 de octubre de 2006, Asterra sólo pagó 55 millones de pesos al gobierno poblano para tener los derechos de explotación comercial del inmueble hasta la culminación del gobierno de Marín en 2011 y seis meses más del próximo sexenio. A su vez, la empresa realizará un mínimo de 60 eventos anuales y vinculará la experiencia de comercialización del espacio que tiene, en Nuevo León, la Arena Monterrey, presidida por Guillermo Salinas Pliego (hermano de Ricardo, dueño de TV Azteca).

Un inmueble construido con recursos públicos ha sido entregado a una empresa privada para su explotación comercial y beneficio particular, aunque el gobierno de Puebla dice que “por haber rentado” el recinto a Asterra “ingresarán a las arcas 6.25 millones de pesos durante los años que le restan al sexenio” de Marín.

Sin embargo, este Complejo Cultural fue un proyecto propuesto por la Secretaría de Cultura, desde 2002, al no existir un espacio cerrado que diera cabida a espectáculos masivos, con el objetivo de hacer accesibles las actividades artísticas y culturales a una cantidad cada vez mayor de poblanos. Empero, con el actual gobierno, su secretario de Cultura, Alejandro Montiel Bonilla, dice que la administración estatal “carece del suficiente presupuesto para el mantenimiento del inmueble”. Mas el titular del Fideicomiso de la Reserva Territorial Atlixcáyotl, Eduardo Macip Zúñiga -quien tenía a cargo la administración del inmueble-, desmiente la versión del funcionario cultural: añade que otorgar este inmueble a la empresa Asterra se debe a que “el gobierno del estado no se dedica al espectáculo, por lo que se decidió que alguien con experiencia lo explotara… la mejor opción fue de quien ofreció más dinero”.

Desde que se terminó su construcción, este centro cultural no ha tenido buena suerte. Durante el sexenio de Melquiades Morales (1999-2005), la edificación del inmueble comenzó en 2003 bajo presión de terminarlo a finales de 2004. En una primera etapa se construyó un teatro-auditorio para cinco mil espectadores, un foro abierto con mil butacas, el estacionamiento y áreas como plazas y jardines sobre una superficie de 45 mil 700 metros cuadrados en terrenos de la zona de Angelópolis de la ciudad de Puebla.

En la segunda etapa se edificaría un ágora cine-club, una librería, una biblioteca, una cafetería y salas de usos múltiples. También se equiparía el colosal teatro-auditorio con alta tecnología. Los recursos que se utilizaron, más de 400 millones de pesos, se extrajeron del Fideicomiso Público de la Reserva Territorial Atlixcayotl-Quetzalcóatl, entidad paraestatal del gobierno poblano.

Los acelerados trabajos permitieron que Melquiades Morales inaugurara este recinto en enero de 2005 con su sexto y último informe de gobierno. El desastre vino después. En febrero, la nueva administración de Mario Marín recibió un inmueble inconcluso: parches de pintura de diferentes colores en la entrada del teatro-auditorio, falta de revoque en exteriores e interiores, carencia de terminados en las áreas laterales del escenario, inexistencia del sistema de aire acondicionado, escasos acabados, un tercer piso con isóptica deficiente, una acústica electrónica en el audi- torio que lleva a cualquier cantante utilizar un micrófono para que se escuche su voz y pagos pendientes con varias constructoras con un monto que ascendía a 200 millones de pesos.

Además, el Complejo Cultural dista mucho del proyecto arquitectónico diseñado originalmente por Ramírez Vázquez: faltan el ágora cine-club, las aulas, la librería, la biblioteca, la filmoteca, la cafetería, la sala de música y el teatro lúdico infantil. Esto nunca se construyó y, por eso, ahora sólo se le llama Auditorio Cultural Siglo XXI. Aunado a esto, se descubrió que las cuatro mil piezas de mosaicos de talavera que el gobierno compró a la empresa Concretos Especiales a un precio de 12 millones 889 mil pesos para crear un retablo en la portada de teatro-auditorio, no son de talavera poblana sino una imitación. A la fecha no hay sanciones para nadie.

Con todo esto, y al ver el negocio que representa la programación de espectáculos internacionales, el gobierno de Marín ya no hizo más por mejorar el Complejo Cultural. Saldó las deudas del inmueble y, luego, decidió cedérselo a TV Azteca. Ahora, los precios de los boletos para los eventos en este recinto oscilan entre 320 pesos en el balcón superior del tercer piso y 500 pesos en el palco superior, hasta 800 pesos en luneta, mil pesos en preferente y mil 300 en especial.

Un negocio redondo.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: